Mujeres que inspiran en la industria AV: Linda Reyes Tovar
La historia de Linda Reyes Tovar con el mundo audiovisual comenzó, como ella misma dice, entrando al mundo de su padre. Desde pequeña acompañó a Oscar Reyes en sus emprendimientos: ayudaba a soldar tarjetas madres, repartía volantes y observaba cómo una idea podía convertirse en proyecto con trabajo, insistencia y propósito.
Uno de sus primeros recuerdos vinculados al AV ocurrió cuando estaba en noveno grado. Para una feria de ciencias llevó a su colegio un tablero con videoproyector, parte de lo que entonces era CITYTICS y hoy es AVACOM.
“Ver a mis compañeros emocionados con ese sistema fue revelador”, recuerda.
Antes de unirse oficialmente a AVACOM, Linda construyó su propio camino. Durante diez años trabajó en cine, televisión, documentales y series alrededor del mundo, como diseñadora de arte, productora de campo y productora general. Esa experiencia le permitió desarrollar una habilidad que hoy considera central en su rol: hacer que las cosas sucedan, incluso cuando parecen imposibles.
“Tanto en la producción audiovisual como en el AV educativo, tienes que hacer todo posible. Necesitas una visión creativa y aterrizada al mismo tiempo, porque sin las dos no hay lanzamiento”, afirma.
En 2021 se unió formalmente a la visión familiar de AVACOM. Lo que parecían dos caminos distintos —la producción audiovisual y la tecnología educativa— terminaron encontrándose en una misma capacidad: convertir ideas en experiencias concretas, útiles y transformadoras.
Tecnología con propósito
Si al comienzo su inspiración fue su padre, con el tiempo ese impulso se amplió hacia algo más grande: el impacto en las personas. Linda creció en una familia donde el trabajo comunitario y la conciencia social estaban muy presentes. Su madre le enseñó desde pequeña que las diferencias entre las realidades de las personas no tienen que ver con falta de capacidad, sino con el acceso desigual a herramientas, oportunidades y redes de apoyo.
Esa mirada marcó su forma de entender AVACOM. Para Linda, la compañía no se trata únicamente de vender tecnología, sino de ayudar a cambiar realidades. “AVACOM se volvió mi forma de cambiar la realidad de más personas”, dice.
Su trabajo internacional también le permitió comprender que, aunque cada sociedad procesa sus desafíos de manera distinta, muchos dolores se repiten: comunidades que pierden talento joven, sistemas educativos con dificultades para adaptarse, instituciones que necesitan herramientas, pero también acompañamiento.
“Tu trabajo no es vender tecnología, es entender por qué duele cada lugar y qué herramienta puede aliviarlo y reconstruir el tejido social”, explica.
Esa frase resume buena parte de su visión: la tecnología audiovisual, especialmente en educación, puede ser una forma de conexión, permanencia y reconstrucción.

Aprender a negociar entre culturas
Como Vicepresidenta de AVACOM, uno de los mayores retos de Linda ha sido entender dinámicas de negociación en países tan distintos como España, China, Estados Unidos y Colombia. Cada mercado tiene sus códigos, tiempos y formas de construir confianza “Cada uno tiene una velocidad, un código y una manera de decir ‘sí’ que no significa lo mismo”, comenta.
Para ella, internacionalizar una compañía exige algo más que estrategia comercial. Requiere humildad cultural, escucha y capacidad de adaptación. En China, por ejemplo, entendió que la confianza se construye antes que el negocio. Se entrenó en Kung Fu Cha, la ceremonia del té, y participó en rituales tradicionales para abrir la oficina, como una forma de acercarse con respeto a una cultura distinta.
“No puedo llegar a un país nuevo a compararlo con lo que estoy acostumbrada. Si voy a un sitio, espero ser yo quien navegue con respeto las otras culturas”, afirma.
Esa forma de mirar el mundo también se refleja en las habilidades que considera clave para su crecimiento: la escucha, la capacidad de hacer preguntas incómodas y la traducción cultural. “Este negocio no es la tecnología: es la traducción”, sostiene.
Aulas que conectan territorios
Más que destacar un solo proyecto, Linda prefiere hablar del alcance acumulado de AVACOM. En más de 20 años de operación, la compañía ha impactado a más de 5.000 aulas y 120.000 estudiantes con instalaciones exitosas.
Uno de los hitos más importantes fue Quindío, cuya capital es Armenia, que se convirtió en el primer departamento de Colombia con la mayoría de aulas de colegios públicos 100% digitales. Para Linda, este logro demuestra que la transformación educativa puede medirse, escalarse y replicarse.
“Hace 16 años apostar por tecnología educativa en Colombia era apostar a algo nulo: nada de lo que hoy damos por sentado existía a esta escala”, señala.
Sin embargo, las cifras cuentan solo una parte de la historia. La imagen que más la emociona es la de los equipos llegando a zonas remotas en chalupas, jeeps y cualquier medio que la geografía colombiana permita. Pantallas, tableros y sistemas viajando por ríos y carreteras destapadas para llegar a comunidades que durante décadas asumieron que la tecnología educativa era un privilegio urbano.
Ese esfuerzo no termina con la instalación. También implica acompañar a docentes, directivos y comunidades para vencer el miedo al uso de nuevas herramientas.
“El mayor obstáculo en la adopción tecnológica no suele ser el equipo, es el miedo”, afirma “Vencer ese miedo, acompañando a docentes, directivos y comunidades, es lo que distingue una instalación que se transforma de una que termina subutilizada”.

Liderazgo, género y disciplina técnica
La experiencia de Linda como mujer en el sector audiovisual ha sido positiva. Reconoce que su historia está marcada por haber crecido rodeada de mujeres fuertes y decididas, y también de hombres que siempre le abrieron espacio. Por eso, antes que definirse únicamente como mujer dentro de la industria, se piensa como ser humano y construye desde allí.
Eso no significa que desconozca otras realidades. Al contrario: considera importante abrir camino para más mujeres y ampliar los espacios de participación.
“Siempre voy a abrir camino para más mujeres. Pero personalmente, mi experiencia ha sido más sencilla de lo que la conversación pública sugiere, y creo que también vale la pena contarlo, porque la sociedad está cambiando”, comenta.
A una joven que quiera entrar al sector, le daría un consejo claro: prepararse con disciplina técnica real.
“La autoridad en AV se gana sabiendo de qué hablas”, afirma.
También recomienda entrar por pasión, aprender a escuchar antes de hablar y elegir bien los espacios profesionales. Para Linda, reconocer los lugares donde una persona es valorada —y también saber irse de los que no la cuidan— es una habilidad esencial.
Balance en cuatro husos horarios
La rutina de Linda combina operación internacional, vida personal y espacios de cuidado. Madruga casi siempre para ver el amanecer. Las primeras horas del día las dedica a meditar, hacer yoga o ejercitarse, y tomar café con su mejor amiga. Luego comienzan las reuniones con China y España; hacia el mediodía se suman Colombia y Estados Unidos.
“Operar en cuatro husos horarios obliga a redefinir qué significa balance”, reconoce.
Para ella, la flexibilidad de un negocio internacional también implica aceptar que cualquier festivo puede ser laboral y cualquier fin de semana puede requerir atención. La clave está en organizarse, comunicarse bien con el equipo y navegar los distintos ritmos con compasión.
“Hay temporadas en las que mi vida va tan rápido que me cuesta procesar las emociones”, confiesa. “A veces voy a velocidad máxima, y otras veces no doy pie con bola, y ambas hay que navegarlas con muchísima compasión”.
Sus hábitos de equilibrio incluyen ejercicio, meditación, amaneceres y escritura nocturna. Escribe para desahogarse antes de dormir, como una forma de no acumular el día en el cuerpo.

Una industria más humana
Al mirar hacia el futuro, Linda espera que la industria AV deje de pensar que su trabajo termina cuando el equipo queda instalado. Para ella, la adopción tecnológica requiere acompañamiento, capacitación y apropiación por parte de los usuarios.
“Eso debería ser parte del producto, no un extra”, afirma.
También sueña con una industria más humana en su composición y en su lenguaje: con más mujeres tomando decisiones de producto y de compra, y con una narrativa tecnológica que no deshumanice, sino que potencie a las personas.
“Al final del día, lo que vendemos son herramientas para que la gente conecte, enseñe, aprenda y trabaje mejor”, dice.
Su sueño profesional tiene dos frentes que se cruzan. El primero es consolidar los ecosistemas educativos de AVACOM como referente internacional desde Colombia, España, Estados Unidos y China. El segundo es Plan Amora, su proyecto personal enfocado en propósito, liderazgo y desarrollo humano.
Aunque parecen caminos distintos, para Linda forman parte de una misma conversación: tecnología que llega donde nadie llega y personas que se animan a seguir su plan A.
Su lema lo resume con claridad: “Que la tecnología no sea un privilegio de pocos, sino una herramienta para muchos”.
En la historia de Linda Reyes Tovar, el audiovisual no aparece solo como una industria, sino como una forma de leer territorios, tender puentes y acompañar transformaciones. Su recorrido muestra que la tecnología puede ser mucho más que innovación: puede ser una herramienta para reconstruir confianza, ampliar oportunidades y hacer que más personas se sientan parte del futuro.
¿Quieres conocer más mujeres que inspiran? Mantente atenta pues tendremos nuestro próximo encuentro en InfoComm América Latina 2026, del 21 al 23 de octubre en México.
Conoce más sobre el proyecto en Quindío en AVIXA TV.

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